
Cuando a uno le hacen la típica pregunta ¿cuáles son los libros que más te han gustado?, éste es uno de los que salta a mi memoria.
No es un libro ostentoso en ningún sentido, pareciera que solo persigue entretener, pero termina internándose en algo mucho más profundo bajo la aparente simpleza de su entrañable personaje principal.
La historia que nos relata “Las llaves del Reino” es sencilla pero intensa a la vez. Al padre Francisco Chisholm, lo empezamos a conocer y a querer desde el principio cuando recibe la visita del secretario del obispo con el fin de aclarar ciertas "extravagancias" en su que hacer sacerdotal. Luego lo acompañamos en su infancia, vemos nacer su vocación por el sacerdocio y por supuesto su trabajo marcado por una actitud correcta, tozuda y una vocación a prueba de todo.
El episodio de China es el que describe perfectamente su manera de ser y de hacer las cosas, él recibe la misión de evangelizar ese lejano país en un período muy convulsionado. Llega sólo, no entiende el idioma, no maneja los códigos de sus habitantes pero es inteligente y terco. Así comienza muy lentamente a construir los cimientos de una lenta evangelización. Como es de esperar, le suceden mil cosas, muchas terribles y decepcionantes, otras maravillosas e inspiradoras, pero ahí está él, firme y orgulloso.
He leído a algunos críticos quejarse de una extrema ingenuidad del personaje principal, quizás tienen razón, pero yo no lo leí así, el curita es un pan de Dios, pero es liberal en su pensamiento, abierto a nuevas ideas y tolerante a los distintos caminos que las personas eligen. Muchas veces ni siquiera se comporta como un cura que se precie de tal. No intenta redimir a su amigo ateo, ni cambiar las costumbres de sus seguidores orientales. Eso finalmente no le interesa, no se preocupa de la forma sino del fondo, más se preocupa de ayudar, de contener y de hacer que las personas sean más felices.
En mi opinión precisamente allí radica la riqueza del personaje. Es lo que uno anhela encontrar en personas que se han sentido llamadas a una labor tan difícil como la religión.
Me emocioné en muchos pasajes del libro, la sencillez y solidez del personaje es abrumadora y me gusta la manera de narrar de Cronin, es ameno, sabe acercarse al lector y entusiasmarlo. Yo diría que la acción de mirar un vaso con agua, resultaría entretenida si él la relatara. A pesar de todo, existe una fuerte crítica social y, sin duda, una crítica a la iglesia dogmática e inflexible, muchas veces pragmática y, otras tantas, hipócrita.
Finalmente, el padre Francisco, un hombre brillante, proactivo, encantador, pero políticamente incorrecto, elige la labor menos indicada para él. Podría haberse domesticado un poco, haber hecho una carrera dentro del clero, alcanzar un puesto importante, gozar de poder y autoridad, podría haber escalado hasta quién sabe dónde… pero eligió algo diferente. El prefirió el trabajo de hormiga, el que no brilla, el del obrero y lo más insólito, es un ser profundamente agradecido, feliz y, cómo no, ocultamente admirado por sus superiores. A mi parecer es, por sobre todo, un hombre bueno, pero en ningún caso ingenuo. Un estupendo libro, de esos que hacen muy bien.










Suena interesantísimo... :O ¡Quiero leerlo! A ver si lo consigo en el futuro cercano. Gracias por esta reseña. :)
Ojalá lo puedas leer, aunque no es lo mismo, hay una película muy antigua protagonizada por Gregory Peck (muy muy joven) que es la adaptación. Tiene el mismo nombre y es bastante buena. Hace un tiempo la pasaron por el TCM. Saludos!!!!