Aquí está en juego, más que lo que hoy somos, lo que debemos llegar a ser. Nuestro todo nos definirá y seremos (y somos -quizá antes de tiempo-) ese resultado final. Nuestra suma es más que nuestros episodios y los define, finalmente.
C.S. Lewis ingresa como un maestro en una de las más grandes inquietudes del individuo: y en sus respuestas logra separar (como si se tratara de distintas semillas) elementos que consideramos unidos a nuestra esencia; como el tiempo, la belleza, el conocimiento (y hasta quizá la certeza de algunas decisiones).
Y distingue una meta, un propósito: Istra. Ella; más bonita que Andrómeda, más bonita que Helena, más bonita que la misma Afrodita. "Istra crea belleza a su alrededor. Ella se ajusta a la naturaleza. Es lo que cualquier mujer - cualquier cosa incluso- debía haber sido y estaba destinada a ser sino se hubiese perdido en el camino por algún designio del azar". Se ajusta a la naturaleza! Increible!
Istra es tan autenticamente hermosa, que los hombres la consideran diosa y el mismo cupido se enamora de ella. Ella parece ser el final correcto del camino.
Así las cosas, todos nos vamos construyendo con nuestras acciones y decisiones. Formamos nuestro ser y somos finalmente lo que conformamos.
"Comprendí muy bien por qué los dioses no nos hablan abiertamente ni nos dejan responder. Mientras esas palabras no puedan sernos arrancadas, ¿por qué iban a prestar oídos a la cháchara que creemos querer decir? ¿Cómo van a mostrarse ante nosotros cara a cara mientras no tengamos rostro?".
Me queda una palabra que invento arbitrariamente, porque veo que no existe alguna que describa lo que busco decir.
Mestino: lo que queremos ser, lo que queríamos llegar a ser.











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