Cuando comencé a leer este libro, el primero que leo de Doris Lessing, debo reconocer que cada ves que daba vuelta una pagina para avanzar a la siguiente me preguntaba por el sentido del libro…¿cual seria?. Cual podía ser el sentido de escribir un libro que presentara una fabula sobre como podría haber sido el principio de nuestros días, el origen de los hombres, como segundo ser humano habitando la tierra (puesto que en el libro se presenta a las mujeres como el primer ser humano en habitarla) y con ello el origen de la relación, en su mas amplio sentido de la palabra, entre mujeres y hombres. ¿Cuál podía ser el sentido de este libro para mi?.
Y ahí lo encontré…al pasar las páginas, comencé a encontrarlo. Primero una fabula, con toda la magia que eso conlleva…estaba leyendo una historia, una historia inventada a partir de la imaginación de alguien que me hacia sentido con todo lo que veo y vivo hoy en día a mis veintitantos años de edad. Una historia que muestra “como podría haber surgido” el lenguaje entre hombres y mujeres; como podría haber surgido la diferenciación entre mujeres y hombres; como podría haber surgido ante la aparición de un “otro distinto” la necesidad de diferenciarnos, de validarnos por como somos, por lo que somos; como podría haber surgido las nociones de igual y distinto, amigo y enemigo, instinto maternal y deseo sexual.
Esto es lo que nos entrega (regala) este libro. Una maravillosa historia, perfectamente narrada, sobre nuestros inicios acá en la tierra. Sobre como mujeres y hombres nos comenzamos a diferenciar y podemos leer en sus páginas aquello que vivimos en nuestras relaciones a diario, las dificultades de nuestras relaciones con este otro (ya sea hombre o mujer) que parten de lo mas básico, de lo mas primario.
Y voy a transcribirles aquí un párrafo que acabo de leer hace 30 minutos, antes de terminar de leer el libro. Se que puede no hacerles mucho sentido si no han leído todas las paginas anteriores, pero la verdad es que en lo personal me llego tanto que quiero compartirlo. Tal vez, si dejan de lado los detalles que claramente no comprenderán y lo leen un par de veces, les va a provocar algo…algo por ahí….
“El negó con la cabeza y ella grito ¿Están muertos entonces? ¡Has matado a nuestros niños!!!. Oh tendría que haberlo supuesto. Eres tan imprudente, no te preocupas…se quedaron ahí, la una frente al otro, en la orilla de esa esplendida playa que pronto albergaría a todas las mujeres y criaturas y a los hombres que las visitarían. Estaba henchida de rabia, mientras el permanecía ahí, abatido, culposo, incriminado. Marona grito y no ceso de gritar hasta que su voz enronqueció y enmudeció, y se quedo mirándolo, pero mirándolo de verdad. Estaba temblando, abrumado por el dolor que ahora de verdad sentía, porque la magnitud de la pena de ella le mostraba la gravedad de se error. Y ella lo vio, lo entendió. Se dio cuenta, y realmente comprendió lo que significaba esa lastimosa pierna, esa pierna marchita y retorcida.
La ternura no es una de las cualidades que acostumbremos a asociar a la juventud. La vida nos la inculca a fuerza de golpes, nos hace más dulces y dúctiles de lo que nuestro orgullo juvenil nos había permitido. Jorsa vio a Marona como nunca antes la había visto. Tal ves la había sentido (mas de lo que la había observado) como una presencia acusadora. Vio a una niña estremecida, toda cubierta de polvo blanco, aunque las lagrimas habían borrado los últimos grumos de su rostro. Estaba tan afligida, tan indefensa: la madurez le llego en ese instante, cuando avanzo hacia ella para abrazarla y ella le abrió los brazos”











No he leído a la flamante Premio Nobel, pero tu referencia me la hará poner en la lista de lo que viene.
Muchas gracias, una vez más.
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Pedro