El libro consta en realidad de varios libros diferentes, de los cuáles sólo uno es el que le da el nombre a la obra completa.
Son cuentos breves, brevísimos algunos, que nos muestran pinceladas de una forma de mirar el mundo radicalmente distinta a la que solemos utilizar. Un prisma diferente, por así decirlo, que construye su propio lenguaje y que termina haciéndonos hablar de otro modo, casi sin que se note, a punta de divertidas anécdotas y de tinieblas que a menudo ocultan espesas oscuridades en pocas y nítidas líneas.
El mundo se dividiría entre cronopio, famas y esperanzas, una taxonomía de seres que misteriosa e indescifrablemente parecería que, a pesar de parecer haber sido creada con fines más bien humorísticos, nos sirve para mirar la sociedades latinoamericanas. Una taxonomía lúdica, imprecisa, una especie de anti taxonomía.
Parecería que Cortázar jugaba cuando lo escribió. Perdón: obviamente jugaba. Presumo que era lo que hacía siempre. Pero aquí la prosa parece más descuidada, más casual que de costumbre, y sin embargo, tiene esa magia de instalarle a uno distinciones en la cabeza.
Léanlo y sabrán por qué a los que hemos leído largas horas a este escritorazo argentino nos suelen gustar más los cronopios que los famas.
Para muestra un botón:
RELOJES
Un fama tenía un reloj de pared y todas las semanas le daba cuerda CON GRAN CUIDADO. Pasó un cronopio y al verlo se puso a reír, fue a su casa e inventó el reloj-alcachofa a alcaucil, que de una y otra manera puede y debe decirse.
El reloj alcaucil de este cronopio es un alcaucil de la gran especie, sujeto por el tallo a un agujero de la pared. Las innumerables hojas del alcaucil marcan la hora presente y además todas las horas, de modo que el cronopio no hace más que sacarle una hoja y ya sabe una hora. Como las va sacando de izquierda a derecha, siempre la hoja da la hora justa, y cada día el cronopio empieza a sacar una nueva vuelta de hojas. Al llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse, y en la infinita rosa violeta del centro el cronopio encuentra un gran contento, entonces se la come con aceite, vinagre y sal, y pone otro reloj en el agujero.
Julio Cortázar, Historias de Cronopios y de Famas











obras maestras........son fanaticamente subjetiva con Cortazar.....Felicidades...por la bebé