Una de las mejores obras de Mario Vargas Llosa, la Fiesta del Chivo nos mete en la República Dominicana de Trujillo, en la asidua violencia de su gobierno, en los promenores de la preparación de su muerte por parte de un pequeño grupo de conspiradores. El relato se sitúa desde fuera, desde las memorias de un personaje que ya ha visto ocurrir todo aquello y que más bien restaña sus heridas tras largos años de exilio.
Hay algo en la prosa de este libro que no sé descifrar, pero que lo hace a la vez más duro y más embriagador que el de otros del mismo novelista. Además, la historia está contada con los pies firmemente anclados en la tierra. En una guerra como aquella se gana o se pierde, pero siempre por poco margen. No hay grandes victorias, y después de las batallas, incluso los vencedores lloran.










Siempre he sido asidua a la lectura, desde niña vi a mi madre y más tarde a mi padre enfrascados en largas lecturas, por lo que no pude abstraerme a la fascinación de los libros.
Sólo que tenía un pecadillo, hasta hace unos años nunca había leído las obras de los escritores latinoamericanos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, así que un buen día (muy bueno en realidad), comencé la carrera de ir leyendo los libros de uno y del otro.
De Mario Vargas Llosa me quedaron grabadas historias inolvidables, pero la que sin duda me sedujo más fue "La Fiesta del Chivo", la maestría con que el escritor nos lleva del principio al final de la novela es realmente brillante... nunca entendemos el dolor, el odio, el rencor de la protagonista, hasta leer las últimas hojas de esta emocionante novela.
Quedé fascinada, y por supuesto, por varios días estuve informandome acerca de la vida del hombre hombre oscuro y manipulador que fue Rafael Leonidas Trujillo.
Beatriz A. Sotomayor Fontealba