El Conquistador, de Federico Andahazi (otro misterio del Premio Planeta)

Enviado por Pedro Verdugo el 13/05/2008 a las 15:58
Pedro Verdugo

elconquistador2.jpgNuevamente Planeta premia una obra que debió ser otra. Déjenme decirles cómo supe de Federico Andahazi. Fue en una librería de aeropuerto, en Ezeiza, ya no sé qué año, pero el 2000 probablemente. Yo partía de vuelta a Chile, con la fascinación de haber caminado por las calles de Buenos Aires nuevamente, encantado con el aroma cultural de esa ciudad frenéticamente europea, con las mil conversaciones sostenidas con viejos amigos porteños sobre el futuro de Argentina y el mundo que allí nacía incesantemente. Se venía la crisis, pero aún faltaban dos años y yo no era quién para permitirme esa oscura certeza, así que mi ánimo era entre festivo y asombrado esa tarde, cuando me acerqué a comprar un libro de último momento (es un viejo rito personal comprar un libro antes de subirme a un avión), de algún escritor argentino de los que aquí no se conocen. Pensé en Abel Posse, pero no había o lo que había ya estaba en mi poder. La chica de la tienda me miraba con ojos clarividentes mientras yo trataba de explicarle lo que buscaba. Finalmente me interrumpió para sugerirme El Anatomista. No diré demasiado de ese libro, porque pretendo comentarlo alguna vez en el futuro cercano, pero por el momento baste decir que es una novela notable, de una prosa arrobadora, que cuenta la historia ficticia de un personaje real, un tal Mateo Colón, que habría descubierto para Occidente, ni más ni menos que el órgano femenino que él llamó Amor Veneris y que nosotros conocemos por clítoris.

Encariñarse con ese libro y buscar otros fue un solo movimiento del espíritu. Las Piadosas me produjo similar maravilla, pero me desilusionó su final, demasiado burdo para formar parte de la misma obra. Otro tanto me pasó con El Príncipe, que no terminé. Y sin embargo, persiste en mí la certeza de que la magia de El Anatomista proviene de una pluma casi infalible.

Después dejé de leerlo. Pasaron años. Y un día, antes de subirme a otro avión, compré El Conquistador. El resumen de la contraportada me maravilló. Supe que por fin un novelista de talento se había aventurado en las arenas movedizas de la historia ficción acerca de la relación entre Europa y América. Suponer que un hombre, un erudito azteca hubiese podido construir una embarcación y descubrir el territorio europeo y a sus bárbaros habitantes. Imaginar que aquel descubrimiento asombroso hubiese podido inspirar en él el impulso del conquistador destinado a forjar imperios. Mostrar cómo el poderío militar y cultural de la América de entonces hubiese podido compararse de igual a igual con la paupérrima Europa desangrada por guerras y por pestes. Hacer todo eso con una prosa de lujo, con un ritmo narrativo interesante. ¡Sorprender al lector en sus propios prejuicios, enrostrándole cómo Tenochtitlán era en esa época una ciudad más grande y mejor urbanizada que París o que Londres!

Todo eso y más esperaba yo de aquel libro que compré sin pensarlo dos veces, porque además había sido premiado con el premio más acaudalado de las letras hispanas. Pero mi desilusión fue total. La prosa no es la exquisita prosa de Andahazi, sino otra, simplota y bobalicona, como si la hubiese escrito alguien más, o peor aún, como si la hubiese escrito él mismo, imitando a lo peor de sí para amoldarse a los gustos del público menos refinado. La historia empieza bien, pero se pierde en la maraña de omisiones históricas necesarias para otorgar al relato la necesaria verosimilitud. El protagonista termina idealizado hasta la nausea: no es humano, sino una especie de santurrón imperial cuyos impulsos de conquista están moralmente justificados de antemano por una especie de autodefensa anticipatoria. Los aztecas no son los desalmados sanguinarios que en verdad fueron, sino que hay en ellos un grupo de rebeldes buenos de corazón de entre cuyas filas surge el descubridor. Por lo demás, nada dice de las enfermedades, que hubieran hecho imposible el desenlace de la novela. De haber llegado nativos americanos a Europa a comienzos del siglo XV, habría muerto al poco tiempo por la viruela o cualquier otra de las pestes que los europeos llevaban encima y contra las cuales en nuestro continente no había defensa alguna, como la historia demostraría después de la llegada de Colón.

En fin, es una novelita. Entretenida, para qué más. Pero pobre, pobremente lograda por una de las mejores plumas de habla hispana. Y sin embargo, me compraré la próxima, con el alma poblada por la esperanza de que la tranquilidad del éxito le haya dado a nuestro ilustre novelista la oportunidad de recobrar sus viejas y tan queridas facultades de narrador.

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Enviado por el 13/05/2008 a las 22:29
Aldo Aspilcueta

...Las piadosas me encanto, el final me parecio notable...el anatomista muy bueno...leiste el secreto de los flamencos? quiza ese saque tu disgusto por andahazi...




Enviado por el 14/05/2008 a las 14:20
Juan Pablo Pradero

Pero eso te pasa por seguirle los "consejos" a los ojitos clarividentes de las vendedoras porteñas...
:P

 


Enviado por el 14/05/2008 a las 14:37
Pedro Verdugo

Los ojitos clarividentes eran parte de la experiencia de estar en la librería, rodeado de libros, buscando buena lectura y encontrando casualmente una conversación inteligente.

Contra eso no se puede.

-----------------
Pedro

 






Enviado por el 14/05/2008 a las 21:36
Benedicto González Vargas

Lo buscaré por Santiago o esperaré un próximo viaje pendiente a Argentina para las vacaciones.

Gracias por el dato...!


prof. Benedicto González Vargas




Enviado por el 15/05/2008 a las 0:02
Pedro Verdugo

... así que después no digas que no te lo advirtieron...

:-D

 

-----------------
Pedro

 






Enviado por el 15/05/2008 a las 12:05
Juan Pablo Pradero

pero yo te recomiendo que vengas a conocer los ojitos de nuestras vendedoras de libros Benedicto! Y que después me vengas a agradecer eh!!


Enviado por jazmin, sandra y yanel el 17/08/2009 a las 16:42
jazmin, sandra y yanel

disculpen, pero tienen una mala vision del libro el conquistador, ya que nos parece sumamente interesante debido a los temas antiguos y epitoloficos del pueblo mexica. Para dar su opinion hay que saber..hasta luego..


Enviado por el 22/08/2010 a las 0:41
Pedro Verdugo

Esto es precisamente lo interesante. 

Que cuando la gente opina, lo hace desde sus propios puntos de vista (con su historia, su experiencia y hasta con su propia biología a cuestas). Si fuéramos a estar todos de acuerdo mejor ni conversar.

Así que en vez de enojarse es más interesante que defiendan el libro... ¡con más ganas!

Porque al final, lo único cierto, es que las opiniones no son ni verdaderas ni falsas. Son opiniones. :-)

-----------------

Pedro

 


Enviado por santiago el 21/08/2010 a las 15:24
santiago

Disculpame Pedro Verdugo el libro es impresionante . Tal vez no tenga un lenguaje tan fluido pero la capacidad de creatividad de la historia de Quetza es increible. Aparte como podes decir que se hubieran muerto de una enfermedad que contagiaban los europeos supuestamente ES UNA FICCION!!!!! FICCION!!

Hasta luego

PD: Yo te banco Federico Andahazi


Enviado por el 22/08/2010 a las 1:03
Pedro Verdugo

Santiago,

Aquí tendríamos que ponernos de acuerdo en qué es una novela histórica y qué no. Para mí la cuestión de la verosimilitud importa. Es decir, el relato, aunque sea una ficción, requiere tener un ancla sólidamente afincada en el contexto histórico en el que está ambientado. Estoy de acuerdo en que la gracia es que una ficción "inventa" una historia, pero si el novelista elige un ambiente y una circunstancia histórica, debe respetarla todo lo posible. Imagínate una novela cuyo protagonista es un rabino que vive apaciblemente en Berlin en 1940, cuidando una sinagoga cuya comunidad florece en paz y armonía. ¡No funciona!

Por cierto, no digo que todo deba ser cierto. Digo que el mundo que habitan los personajes, dado su contexto histórico, tiene que ser creíble. El asunto de las enfermedades que determinaron la suerte de la América colonizada, por ejemplo, es todo un tema. Su efecto fue el peor holocausto de la historia. Según Ronald Write, la población de todo el continente se redujo a la mitad durante el 1er siglo desde la llegada de los europeos. Esas son cuestiones que una novela histórica no puede soslayar. Y por cierto, la historia que Andahazi quería contar todavía hubiera podido ser contada. Y cuidando mejor estos aspectos quizá hubiera llegado a ser inmortal.

Te pongo 3 buenos ejemplos: Las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; El Médico, de Noah Gordon;  El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco. 

Cordiales saludos.

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Pedro

 


Enviado por el 22/08/2010 a las 3:19
Olga Rodriguez

pues si que eres un hueso duro de roer Pedrito.. pero como bien dices, de eso se trata esta pagina, de leer opiniones distintas, y si estas opiniones nos llevan a un debate, pues que mejor. Por mi parte me considero ignorante en algunos de los temas que sueles comentar, pero eso no me impide disfrutar un buen articulo, incluso aun y cuando no este 100% de acuerdo con el. Muchas gracias por seguir comentando..


Enviado por sol el 14/12/2010 a las 20:04
sol

Me gusta el libro pero tengo que rendirlo y no llego a terminar de leerlo quien me pasaria el resulmen de la 3ra parte?? Gracias (:


Enviado por Alex el 20/07/2011 a las 20:05
Alex

Acabo de terminar el libro y me ha quedado algunas impresiones que quería contrastar.

El libro comienza bien, aunque con una prosa pueril digna de Harry Potter, pero ante todo muy entretenido. Se nos muestran una serie de personajes, todos ellos muy maniqueos, pero que se dividen en buenos y malos. La decepción llega al llegar a la parte europea, donde el autor no ubica ni un personaje digno (conste que no lo digo como español, intento ser imparcial), todos podridos de crueldad, avaricia, insalubridad, y cualquier defecto físico o mental que se les pueda añadir. No hay buenos o malos, todos son mezquinos, y la xenofobia y resentimiento comienza a hacerse tan patente que la aventura queda apartada para dedicarse sólo a lo descriptivo.

Entiendo que el autor se tome ciertas licencias, pero cruzar al índico desde el mediterráneo es tan inverosímil como cruzar del atlántico al pacífico por Panamá en una caravela en el siglo XV.

El protagonista comprende perfectamente las dinastías francesas y el origen de la guerra de los cien años pero no es capaz de entender en todo el libro la iconografía básica cristiana, llamando continuamente a la Virgen María "Diosa de la Fertilidad".

Sinceramente no creo que una injusticia histórica se solucione con otra.

 

Saludos.


Enviado por olgwash el 22/07/2011 a las 19:55
olgwash

El libro es bastante malo, no esta bien escrito, la historia no es verosímil (una cosa es que esté ficcionado, otra muy distinta que sea ciencia ficcion: no habla de las enfermedades, de los asaltos, de las tormentas, de las hambrunas etc etc etc... solo de, casualmente, una tormenta en la costa de oaxaca)

Esta plagado de inexactitudes, pone a los aztecas como hermanitos de la caridad (vamos hombre! que si Cortés llegó a Tenochtitlan no fue por los 600 hombres que lo acompañaban, sino por todos los demás pueblos que se unieron hartos de la opresión azteca), es lo más partidista, y de un modo además completamente injustificado, que he leido en mucho tiempo.

La idea del libro es muy buena, pero la manera de llevarlo a cabo... buf!!

El protagonista, Quetza, sería en la vida real una especie de Ned Flanders fusionado con Mac Gyver. Todo lo sabe, todo lo puede, todo lo entiende. Piensa como si fuese un contemporáneo nuestro, "sabe" de islam cuando lleva "3 dias en españa", "toma" Marsella, navega por todos lados sin que les pase nada etc etc etc... Lo unico q hace mal es depositar absolutamente TODA prueba de su viaje en el barco que se hunde, que es mucho peor... y casualmente es el español!

En fin, es un libro con vocación a tener éxito: es fácil de leer y entretiene, eso sí, a quien tenga un espíritu no demasiado crítico ni exija una buena prosa...


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