
La aparición a mediados de los 80´s de Humberto Maturana y Fernando Flores como figuras públicas accesibles cayó en medio de Santiago como una bomba. El evento abrió una corriente de aprendizaje y reflexión que hoy, más de 20 años después, tiene un sinnúmero de ramificaciones palpables más allá de los amigos o los disidentes. Lo que es notorio, y mucho más para aquellos que les ha tocado la vida en otras economías, es que la reflexión en torno al lenguaje y la biología está comúnmente extendida a foros abiertos, que desbordan los límites de la academia o la especialización. La discusión sobre el lenguaje, la biología, el emprender, el amor, la innovación están más vivas que nunca y arrastran pasiones e intereses. Este es precisamente el espíritu de este aporte: agregar referencias que pudiesen servir para los apasionados del tema y traer otros elementos a la discusión nacional.
Christine Kenneally, australiana de nacimiento, Ph.D. en lingüística por la Universidad de Cambridge y una usual colaboradora de las publicaciones The New Yorker, The New Cork Times y Scientific American, toma el tema del nacimiento del lenguaje en su libro The First Word. Su aproximación al tema es histórico, incluso se podría decir que tiene intentos arqueológicos. Trata de hacer un recuento histórico de eventos y estudios, incluso trata de hacer síntesis de los planteamientos de algunos de los principales pensadores sobre el tema. Se nota por todos lados las influencias de su formación y escuela, e intenta hacer un concienzudo análisis del malogrado Noam Chomsky.
Pero donde trata de traer algo original – aunque algunos conocedores de Maturana y Flores pensarán que de original no tiene nada – es en un planteamiento de que el lenguaje es un fenómeno intrínseco a la evolución. Su espíritu y convicción de que el sabio Darwin estaba en lo correcto es notorio en cada página.
No espere encontrar acrobacias de sintaxis tales como “coordinaciones consensuadas de coordinaciones consensuadas”, o bofetadas de intelectualidad como “la mente no está en la cabeza, sino en el espacio de distinciones que construimos y sobre la cual la realidad se inventa”. Su intensión no es cambiar el mundo (nota: algunos que conozco dirían “entonces para que molestarse en escribir”), sino hacer un aporte en la discusión, y agregar más elementos que iluminan los principales desarrollos en el tema de la evolución del lenguaje y de la especie humana.
Es un libro escrito en un lenguaje periodístico esperable de Kenneally, pero ayuda a quienes prefieren los textos de difusión a los textos esenciales muchas veces imposibles de leer sin la preparación adecuada.
En un fin de semana aplicado a la lectura puede leerse 2 ó 3 capítulos que le iluminarán y le ayudarán a decidir si leer el resto. La diversión está garantizada. Que lo disfrute.











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