Hay pocos libros que te cambian el alma. Para mi gusto ésos son los únicos que realmente tienen valor. Libros de los cuales se hablará a pesar del paso de los siglos.
Alejandro Jodorowsky dice en alguna parte que el arte tiene que ser sanador, o no es arte. Yo no comparto este imperativo moral, pero sí, el deleite de que una obra (literaria en este caso) contribuya a forjar la mente del lector abriéndole mundos a los cuales de otro modo no tendría acceso.
Eso me pasó a mí con El Largo Atardecer del Caminante, de Abel Posse.
Se trata de una novela histórica que relata la historia no contada de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quizás el único conquistador español que recorrió buena parte de América a pie y desarmado. La historia oficial cuenta que cuando volvió de su caminata de ocho años, había preparado para Carlos V un informe (Naufragios) que le entregó, relatando lo sucedido, y que le valió el título de Adelantado del Río de la Plata.
Posse nos dice que en ese relato faltan unos cuantos años, que él imagina y cuenta en su obra.
Esta novela nos pinta el mundo del siglo XVI de un modo soberbio. Nos pone frente a la tragedia de la ocupación de América por los europeos y nos hace sentir la desesperación de los pueblos nativos que vieron desaparecer el mundo que conocían en cuestión de pocos años.
Pero lo hace poniendo, por otro lado, un destello esperanzador en la humanidad con que alguien como el Cabeza de Vaca vive su vida.
Por otra parte, la prosa de Posse es bellísima. De él dijo Camilo José Cela: "En Abel Posse hay mucho talento, mucha sabiduría y mucha literatura; yo no soy quién para decírselo a nadie, pero sí lo soy para pensarlo en voz alta."











Juanqui