Del Blog de Claudio Orrego
Hace pocas horas Claudio Orrego publicó este post y no me aguanté las ganas de "tomárselo prestado", me entusiasmó el libro y los comentarios que hace de él.
Aquí va el texto:
Acabo de terminar de leer el libro "Elogio del Silencio", escrito por Anselm Grun, monje y administrador de una abadía benedictina en Alemania. Para algunos puede ser una locura hablar de silencio en el mundo acelerado en que hoy vivimos. Otros, que me conocen más, simplemente dirán “nada más lejos de Orrego”…si habla hasta por los codos.
Ambas cosas son ciertas, y por lo mismo, es válido adentrarse en el sentido más profundo del libro. Para que guardar silencio? Tiene alguna utilidad? El autor plantea tres propósitos para el silencio. El primero, luchar contra las pasiones. El segundo, como desprendimiento interior. Y sólo el tercero es planteado en un sentido más teológico, como apertura a Dios.
Según este sabio benedictino, con el silencio uno logra combatir algunos riesgos que pueden deshumanizarnos. El primero es el de sólo actuar por curiosidad, perdiendo la capacidad de observar lo profundo. Lo segundo es el peligro de juzgar a otros (cuantas veces empezamos hablando de alguien para luego pasar rápidamente a condenarlo). El tercer riesgo es de hablar sólo por el ansia de notoriedad. Finalmente, hablar mucho nos hace correr el riesgo de perder la actitud de vigilancia interior.
En un mundo en que corremos todo el día, en que nos cuesta parar para disfrutar de las cosas sencillas (una buena conversación, una obra de arte, disfrutar una comida, mirar el paisaje, observar a quienes trabajan con nosotros, etc.), el silencio puede ser un gran aliado. Por cierto no digo esto desde el que lo práctica cotidianamente, sino desde quien sabe cuanto lo necesita y tiene sed infinita de él.
En la política, en la empresa, en la educación, en la familia, etc., estamos inundados de palabras, imágenes y valores que nos exigen ser eficientes, producir y hacerlo todo para ayer. Si no somos capaces de guardar algo de silencio diario, aunque sea sólo para mirar lo vivido durante el día, para dar gracias por lo bueno y pedir perdón por lo malo, para tomarle el pulso a nuestra loca vida….difícilmente seres instrumentos de humanización.
Hay días en que llega la noche sin haber estado ningún segundo sólo y en silencio. En el afán de servir, amar a los que más sufren, ser eficiente en la pega y estar presente en la familia, es fácil olvidarse y hasta negarse la posibilidad de encontrarse consigo mismo para saber cómo estoy, cómo me siento y que necesito para seguir adelante y no morir en el intento. Qué bien nos haría practicar algo tan sencillo como aquietar el espíritu y guardar silencio por algunos momentos en el día!! A pesar de ello, nos cuesta y en esa falta de silencio perdemos la posibilidad de estar en equilibrio y ser mejores para los demás.











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