No puede uno dejar de comentar ese fenómeno mediático que es El Código Da Vinci. Es un caso interesante, porque está horriblemente escrito, aún en inglés, con una prosa suelta, con poco vocabulario, en un estilo que funcionaría mejor si Dan Brown hubiera siquiera tenido el cuidado de condensar cada párrafo para decir lo que había que decir con las palabras estrictamente necesarias. Pero no fue así. De modo que la oferta es una buena historia, entretenida y llena de misterio, pero mal contada. Si uno tiene el estómago adecuado y puede dejar de fijarse en la escritura, puede enganchar con el libro y disfrutar de un par de tardes agradables leyéndolo. Pero no todo el mundo puede hacer eso.
Desde del punto de vista de la historia narrada, en cambio, es un relato rico en símbolos y alusiones históricas muy convicentes. Sabemos, por los muchos reportajes que han salido al aire después, que gran parte de lo que se dice allí es mera invención creativa del autor, pero no deja de ser interesante todo aquello que, o bien es enteramente cierto, o bien está cerca de serlo. Ante todo, habría que rescatar el uso de los símbolos, que permiten al lector asomarse al un mundo de antiguas sectas secretas que se pelearon el poder político en Europa entre fines del medioevo y avanzada la modernidad.
Por otra parte, gran valor aporta el foco puesto en algunas obras de arte, sobre las cuales el lector atento habrá posado una y otra vez su mirada, descubriendo quizás son asombro lo que genios como Da Vinci escondieron en ella en sus juegos simbólicos.
Yo no me atrevería a recomendarla a un lector exigente. Pero tipos como yo pueden leerla sin culpas ni aspavientos.











Para serte sincero, no me hubiera animado a postear lo que tú.
Estoy 100% de acuerdo. También me divertió pero no es mi lectura favorita ni mucho menos. Sólo pasé un fin de semana agradable.
Y así y todo lo prefiero a la versión cinematográfica, como casi siempre...
Un abrazo.