A propósito de la provocación que me hizo Juan Pablo en un comentario hace unos días, para hablar sobre la relación entre cine y literatura, quiero traer a la conversación una novela que no existe.
En 1996, falleció Krzysztof Kieslowski, el célebre director polaco de cine, dejando tras de sí una serie de películas bellísimas y profundas, entre las cuales destacan las del Decálogo (yo vi No Amarás y No Matarás, ambas excepcionales), la tríada Blanc, Bleu y Rouge, y muy especialmente La Doble Vida de Verónica.
Poco antes, recuerdo haber leído una entevista suya, desgraciadamente en papel, más desgraciadamente no disponible en la Web (o mi torpeza no me permitió encontrarla). En ella anticipaba su retiro del cine después de estrenada Rouge.
Tres de las cosas que dijo en esa entrevista se me quedaron grabadas.
Una fue una anécdota que atesoraba: la de una carta enviada por una joven francesa que aseguraba que La Doble Vida de Verónica le había hecho descubrir la existencia del alma.
La segunda fue su anuncio de que se retiraba, entre otras cosas, para dedicarse a escribir una novela.
La tercera, que pretendía explicar su decisión, era una comparación entre ambas disciplinas, el cine y la literatura. Su queja con el cine era que éste no le permitía la profundidad adecuada, que le impedía llegar hasta el fondo del alma de los personajes y mostrar lo que allí había. La novela en cambio, esperaba él, le daría más espacio para eso, porque era un arte más propicio a la profundidad o a la intimidad.
No sé si éstas eran exactamente sus palabras, pero éste era el sentido.
Cuando supe de su muerte, me quedé con la tremenda desazón de que esa pérdida para el cine lo fue también para la literatura. La novela nunca fue escrita y que yo sepa nunca se publicó algún fragmento inconcluso.
¿Qué novela hubiera sido aquella, escrita por un hombre cuyas películas desnudaban aspectos insondables del alma humana?
Ya no lo sabremos. Se trata de una novela ausente. Sólo nos queda, como dice Baricco en Seda, la "nostalgia por algo que no vivirás nunca".











efectivamente, esa nostalgia por lo que nunca sucedió, esa saudade por una novela que debió ser escrita, que (seguramente) le pedía a gritos a kieslowsky que la escribiera, que le sacara el velo y la revelara como historia...una novela que no se alcanza a escribir, debe ser una de las melancolías más profundas de esta vida...creo y confío en que la voz de esa novela, se hará paso y será escrita por otras plumas...en otros tiempos...para otros ojos...
Un abrazo y gracias por la visitas.
Daniel
-----------------
Cordialmente, DB