La sangre y la esperanza, de Nicomedes Guzmán

Enviado por Benedicto González Vargas el 30/03/2009 a las 20:41
Benedicto González Vargas

A veces es bueno releer viejos clásicos de nuestra literatura que constituyen estaciones importantes en el desarrollo de nuestras letras. De la llamada literatura realista - social destaca con nitidez una obra muy comentada en su época, pero que hoy parece injustamente olvidada en los anaqueles de las bibliotecas antiguas: me refiero a la Sangre y la esperanza, de Nicomedes Guzmán, novela publicada en 1943 y que relata la historia de los obreros capitalinos por los lejanos años 20.

El personaje principal es Enrique Quilodrán,  un niño de ocho años que vive junto a sus padres y hermanos en un conventillo ubicado en las barriadas pobres de la época, atrás del barrio Yungay, cerca del Río Mapocho. Con muchos elementos autobiográficos esta novela recrea las historias que el propio Guzmán conoció en su infancia. En la obra la realidad del movimiento social obrero de la época se presenta con toda su brutalidad, con esa carga de incomprensión, de opresión, de pobreza insufrible, de represión y explotación tal que no nos es posibe imaginar cabalmente hoy.

El pequeño Enrique a pesar de todas sus limitaciones vive en el seno de una familia pobre que, no obstante, hace enormes esfuerzos por protegerlo y educarlo de la mejor manera posible. Su padre, un chofer de tranvías de la época, es un hombre trabajador y honesto que debe mostrar su valentía a diario no sólo en su trabajo sino también en las revueltas sindicales para obtener una calidad de vida más digna. Como dirigente obrero luchará con todas sus fuerzas contra el poder de la oligarquía que oprime y explota a los trabajadores.

Su madre, por su parte, se refleja en la novela como una mujer humilde dedicada a su casa y a sus hijos que son, sin lugar a dudas, su más preciado tesoro.

Nos encontramos también con Elena, una adolescente que debió dejar la escuela por  falta de recursos y dedicarse a trabajar  como obrera en una fábrica para ayudar a su familia. La unión de la familia de Enrique, el amor que se tienen, y la protección de los padres, contrasta con lo que el niño puede ver del resto de los habitantes del conventillo: padres alcohólicos y violadores, mujeres golpeadas, niñas abandonadas que dan a luz a sus hijos sin padre en las sucias calles de estas villas de miseria.

El niño se enfrente día a día a la violencia que en la novela se presenta como un contexto tan duro e irremontabe como la pobreza. Muy
temprano es testigo de como asesinan a su mejor amigo en una barraca a donde ambos iban de vez en cuando a trabajar buscando viruta. Luego su pequeña amiga Angélica es violada por el conviviente de su madre y ya no la volverá a ver más.
A la vez, Enrique ve a su padre luchar contra toda esta violencia y contra la desesperanza de la pobreza.

Libro hermoso, doloroso, que en cada página se nos va tiñendo con la sangre de esos héroes anónimos de los años 20 y con la esperanza irrenunciable que se mantenía encendida en sus corazones.

Novela tremenda, que es una verdadera lección de historia social, de movimientos obreros y del desarrollo y formación a través de los años de la capa más pobre de la sociedad chilena.

Aún hoy, si recorremos las calles del sector y nos detenemos ante sus fachadas más antiguas, tal vez podamos reconocer algo de los barrios descritos por Guzmán. Es más, no sé cuál es la calle exactamente, tal vez sea Cueto o una cercana, una vez caminando por allí me encontré en una casa una placa que decía "Aquí vivió su infancia Nicomedes Guzmán".

Aunque no se ha reeditado esta novela últimamente, hay muy buenas ediciones de ella en las librerías de viejo y en las bibliotecas públicas.

Los invito a leerla o releerla y empaparse de la transparente esperanza de Enrique.

 

prof. Benedicto González Vargas

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