
Con esta frase ya tan manida, Sartre se refería específicamente a la inexistencia del determinismo absoluto y a la existencia de la absoluta libertad de elección.
Para el Existencialismo, las actitudes y conductas del ser humano no se encuentran irremisiblemente determinadas ni por su esencia, ni por su biología ni por su educación. Ni Dios ni la naturaleza ni la sociedad o cultura nos pueden impedir tomar decisiones volitivamente.
El ser humano goza de la irrenunciable libertad para elegir su proyecto existencial básico. Todo individuo va construyendo mediante decisiones libres ? no determinadas ? su propio ser. Somos lo que hemos decidido ser y asimismo somos libres de dejar de ser lo que somos... En ese sentido, es también irrenunciable la responsabilidad que nos cabe en la vida que vamos forjando, tanto la propia como la de la sociedad en la que estamos insertos.
El modo personal en que enfrentamos las situaciones y problemas no depende más que de nosotros mismos. Nadie puede obligarnos a hacer, pensar o decir cosas que no queremos. Debemos estar conscientes que, habiendo podido optar por cualquier otro camino, nos decidimos por uno en particular, por las razones que sean. La libertad es innegable.
Por otro lado debemos asimismo estar conscientes que somos plenamente responsables de las consecuencias de nuestras elecciones, sean de comisión o de omisión. Si éstas son negativas, pasamos a ser víctimas de nosotros mismos, sin excusas.
En este contexto, suele surgir una angustia asociada a que, lo queramos o no, lo que somos es consecuencia de nuestra propia libertad de elección. Lo queramos o no, somos inexorablemente responsables de nosotros mismos y del resto de la humanidad.
Por lo tanto, la condena consiste en que no somos libres de dejar de ser libres. Mas esta ?condena? no es un castigo ni una prisión de la que querríamos escapar, sino que es una bendición.
Pero de lo que sí tendríamos que liberarnos es de las limitaciones y restricciones provenientes del propio ser que nosotros mismos hemos construido, puesto que sí estamos condicionados por nuestro propio pensamiento. Somos esclavos de nuestras creencias.
Si los existencialistas sostienen que, lo nos define, no son los problemas que tenemos sino lo que hacemos con ellos. Por su parte, el cognitivismo recalca que no son los hechos los que nos hacen daño, sino que la interpretación que nosotros le damos a esos hechos.










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