Psicología Positiva: una vuelta de tuerca al mito de Sísifo

Enviado por Alejandra Godoy Haeberle el 20/04/2009 a las 13:03
Alejandra Godoy Haeberle

En forma muy resumida, esta fábula de la mitología griega narra la tragedia de Sísifo, quien fue condenado por los Dioses, fuera de perder la vista, a un castigo de por vida: debe subir – eternamente - un enorme peñasco por la abrupta pendiente de una montaña, cuya cumbre no ha de alcanzar jamás. En otras palabras, está obligado a empujar perpetuamente esa enorme piedra cuesta arriba, a sabiendas de que antes de que alcance la cima, ésta siempre rodará hacia el valle y deberá volver a empezar todo de nuevo desde el principio.

Como Homero no especifica el motivo por el cual Sísifo fue castigado, se han elaborado diversas teorías interpretativas, entre ellas, que desafió a Júpiter a cambio de agua para su pueblo o que su osadía consistió en revelarles a los mortales los designios de los Dioses, lo cual obviamente evoca al sacrificio de Prometeo. Empero, surge la interrogante de si ¿estas eventuales líneas de acción de nuestro héroe se debieron a una especie de generosidad auto-destructiva o si simplemente están reflejando su ostensible falta de respeto y de miedo a los Dioses?.

Lo que sí se sabe es que Sísifo tenía fama de ser el más astuto de los hombres, así como el más sabio y el más prudente, según Homero. Algunos suponen que fueron estas cualidades las que hicieron enfadar a los habitantes del Olimpo, aunque especialmente enojosa debe haber sido su extraordinaria astucia, ya que le permitió escapar de los Infiernos. Gracias a su inteligencia logró engañar al dios de la Muerte, encadenándolo y paralizando su accionar, por lo que Plutón tuvo que enviar al dios de la guerra para liberarlo (¿la guerra deja en libertad de acción a la muerte?). Pareciera entonces que son varios los delitos punibles de este mortal.

  

A la edad de 25 años, Camus efectúa una admirable reinterpretación del mito de Sísifo. Postula que, el hecho que haya preferido la bendición del agua a los rayos celestes, lo transformaría en el héroe de lo absurdo, sumido en una sensibilidad absurda. Vale decir, aquel que percibe ineluctablemente la completa inutilidad de su vida, aquel que vive plenamente conciente de que todo el Ser está dedicado a no acabar nada. Siendo así el mundo tan fútil, Camus se pregunta, ¿qué alternativa hay al suicidio?. No obstante, la mayor tragedia del hombre absurdo radicaría en la conciencia, en conocer cabalmente su condición miserable.

Sin embargo, según la tesis de Camus, el mismo hecho de saber que nunca lo logrará, el no sucumbir a vanas esperanzas, lleva a Sísifo a vivenciar que su destino le pertenece y ahora, sin amo, a experimentar la sensación de una bendita libertad durante aquellos períodos intermedios en que, habiendo cejado de empujar el peñasco sin que haya aún comenzado a subirlo nuevamente, lo que posibilita que el descenso pueda hacerse con alegría. En consecuencia, justamente la clarividencia que debía constituir su tormento, consuma al mismo tiempo su victoria. Camus termina su ensayo con la frase "hay que imaginarse a Sísifo dichoso", aparentemente salvándolo de su destino suicida.

Anteriormente, el castigo consistente en tener que realizar eterna y conscientemente un trabajo fútil por lo inalcanzable, había sido entendido como la simbolización de la vana lucha del hombre por alcanzar la sabiduría. No obstante, para Camus representa más bien la metáfora del esfuerzo inútil e incesante del ser humano moderno que consume su vida en fábricas y oficinas sórdidas y deshumanizadas, haciéndolo sentir que su destino es estéril y sin sentido. En otras palabras, el filósofo existencialista estaría con ello cuestionando el valor de la vida, ante lo cual plantea la opción del suicidio.

El suplicio de estar condenado a realizar un trabajo repetitivo que se sabe inútil y sin ninguna esperanza de escapatoria, simboliza una de las mayores angustias existenciales contemporáneas inmersas profundamente en el inconsciente. Así, la fábula de Sísifo puede relacionarse, por un lado, con fenómenos tales como los trabajos rutinarios representados tan bien por Chaplin en Tiempos Modernos; con los pseudo trabajos del famoso PEM para paliar la cesantía de los años ochenta (la inolvidable pirca del ICTUS); con las inacabables labores de una dueña de casa o de una asesora del hogar (o de una nana, como se las llama hoy eufemísticamente); con darle al pueblo pan y circo (posiblemente representado hoy en día por la TV y la farándula) junto a una limitada educación, para que no sufra al percatarse de lo absurdo de su vida; y con las actuales manifestaciones de frustración, incertidumbre y problemáticas asociadas a la auto-estima y al sinsentido de vida.

Por otro lado, algunas de las conclusiones de Camus permitirían darle otra vuelta de tuerca a este mito. Aplicado como metáfora de la vida, aunque nuestras existencias como humanos sean insignificantes, es factible que nosotros mismos le construyamos un valor, al tener presente que el esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar el corazón de un hombre y que, paradojalmente, la dicha aparece en Sísifo cuando toma conciencia de todo este proceso.

Entonces, si la ilusión de colocar la roca en la cima simbolizara a las expectativas, ¿será que la alegría de Sísifo provino de haber cambiado su perspectiva?. ¿Hubo en él un cambio de actitud que mejoró su calidad de vida y su estado anímico? ¿Consiguió creer más en su mundo interno que en el externo?. ¿Pasaron a ser sus propias expectativas más relevantes que las provenientes del exterior?. ¿Le encontró un sentido a su vida, independiente de logros y comparaciones?. ¿Logró experienciar la vida como un desarrollo evolutivo sin fin donde son más interesantes las preguntas que las respuestas?. ¿Donde se puede gozar del camino, incluso del ascendente, aunque no se completen las metas ni se llegue nunca a certezas absolutas?

Ahora bien, en la consecución del cambio de perspectiva y de expectativas, tan necesario actualmente para acercarnos a emociones positivas: ¿podrían ayudar algunas de las siguientes ideas?: Camus sugiere que en un castigo (esfuerzo) se puede encontrar dicha; Sartre sostiene que estamos condenados a ser libres; Machado que se hace camino al andar; Ellis que existen demasiadas expectativas irracionales; Maslow recalca la importancia de la realización; Frankl la del sentido de vida; el budismo la del no-apego, especialmente al ego; Einstein la relatividad de la percepción; Eisenberg la incertidumbre; Maturana y Varela la imposibilidad biológica de percibir la realidad tal cual es; la termodinámica la entropía; la física cuántica que no hay nada absoluto, que existen mundos paralelos (los multiversos del paradigma de la complejidad de Maturana); y, la neurociencia, la neuroplasticidad de nuestro cerebro.

¿Será que Sísifo se adelantó a algunas de esas ideas y le hicieron sentido, logrando modificar aquellas metas que supuestamente eran necesarias para alcanzar la felicidad, imperativo posmoderno? Será que aprendió a esforzarse - con alegría - tras otras ilusiones u utopías paradojalmente más racionales?.

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