Pinocho, de Carlo Collodi: una novela iniciática

Enviado por Benedicto González Vargas el 19/07/2009 a las 16:05
Benedicto González Vargas

Pocos son los que saben que Pinocho, el muñeco de madera salido de la mente y la creatividad del escritor italiano Carlo Collodi no es un cuento infantil. De hecho, por su extensión es una novela, pero su pretendida trama infantil no pasa de ser el vehículo a través del cual Collodi pretendió entregar un profundo mensaje espiritual, iniciático, esotérico y de desarrollo personal.

En efecto, lo primero que habría señalar es que el autor, Carlo Collodi, fue miembro de la Orden Masónica, institución que guarda y estudia las antiguas tradiciones herméticas atribuidas a Hermes Trimegisto y que pasa por ser la institución esotérica más importante en la actualidad. Walt Disney, que inmortalizó esta historia en el cine de animación y cuyos dibujos representan más que ningún otro al muñeco y el resto de los personajes, fue también hermano masón.

En el convulsionado contexto de la reunificación italiana, dirigida por otro "hermano", José Garibaldi, Collodi escribió "Las aventuras de Pinocho", publicado en 1882. Un análisis superficial de
la obra revela una apología de la educación y una
denuncia del vicio y la holgazanería. Ideales propios de la cultura occidental, pero que constituyen mandatos ineludibles para las órdenes estotéricas.

Revisemos la historia, iré marcando en negrita algunos vocablos que son muy esclarecedores desde el punto de vista esotérico en general y masónico en particular: Gepetto, un viejo maestro que usa delantal, siempre soñó con tener un hijo, por eso que al ver brillar en el cielo la Estrella Azul pidió con todo  fervor que su deseo le fuera concedido (esto equivale a contactarse  con un nivel superior de consciencia). Aquella noche, mientras Gepetto dormía, hizo su aparición
el Hada Azul y dio la vida al muñeco advirtiéndole que debía portarse
bien para llegar a ser un niño de verdad (entendamos esto a partir de la idea de ser un hombre de verdad, otra idea inspiradora de las escuelas iniciáticas). Para que le aconsejase sobre su comportamiento nombró a Pepe Grillo como su consciencia (el trabajo consciente del desarrollo personal es también un ideal hermético).

No nos olvidemos que Pinocho fue un trabajo realizado a mano por el carpintero quien lo elaboró as partir de un leño, logrando crear un muñeco muy bueno gracias a su esfuerzo (en la masonería se trabaja dando forma a una piedra).

Los hilos que mueven el destino de los títeres son similares a los hilos del destino que nos mueven como personas, de aquí para allá y vioceversa, cuando no hemos desarrollado la consciencia. Así, entonces, Pinocho, falto de consciencia y sordo a las enseñanzas de Pepe Grillo (otro maestro) resultó ser amoral y tonto. Podríoa decirse que Pinocho tenía vida pero, sin embargo, carecía de libre albedrío pues
estaba dormido, no usaba su conciencia, desconocía el sendero de la virtud y la liberación, era una suerte de "muerto viviente".

El esoterismo enseña que, lamentablemente, la mayoría de los seres humanos son como Pinocho, pues siguen el camino más fácil y no saben que existe algo mejor, algo que nos conecta con niveles superiores de conciencia.

Un investigador masónico que estudió el asunto, dijo: "La verdad es que hay sólo dos clases de hombres en todo el mundo: los
pocos que se han dado ya cuenta del poderoso esquema divino, y la
inmensa masa que todavía no lo conoce. Los últimos viven para ellos
mismos, y están muy esclavizados por sus pasiones; los primeros viven
para Dios y para la evolución, que es Su Voluntad, ya se llamen
budistas o indos, musulmanes o cristianos, librepensadores o judíos".

Pinocho es esclavo de sus "yoes", esto es un ego hipertrofiado producto de distintos vicios que ha ido acumulando. Sus mentiras hacen que le crezca la nariz y más tarde orejas de burro. Esto es una alegoría física de todos los agregados psíquicos que lo acompañan. 

Una y otra vez Pinocho , por ley de causa y efecto, sufre las consecuencias de sus malas acciones, que  lo llevan a una vida desgraciada, donde el muñeco paga con sufrimiento el karma que ha ido generando. Cuando la vida de Pinocho no podía ser más insoportable, es tragado por una ballena.

Este episodio, que recuerda nítidamente la historia bíblica de Jonás, viene a ser, en la simbología masónica la cámara de reflexiones,
que representa el descenso al centro de la Tierra. que vivió incluso el propio Jesús, si creemos en las palabras de Mateo 12:40: "Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches". No olvidemos que el Hijo del Hombre también -al igual que Pinocho- era hijo de un MAESTRO  carpintero.

Como en toda tradición esotérica valedera hay una muerte mística, a la luz de una vela, Pinocho medita sobre su destino y
decide cambiar, dejando atrás su pasado de inconsciencia. Finalmente
el muñeco es expulsado por la ballena y sale al mar abierto, donde  
el agua actúa como elemento purificador, limpiando interna y
externamente a Pinocho. Se dicde que cuando alguien es sumergido en una corriente de agua, renace a una vida nueva. Esta costumbre es común en muchas tradiciones religiosas como en el bautismo cristiano. masónicamente, tiene que ver con la leyenda del tercer grado y el Mar de bronce.

Pinocho, sin embargo,  no sobrevive a la furia del océano y finalmente se ahoga. Esta muerte del muñeco equivale a la muerte mística del profano al ser iniciado. En palabras evangélicas reciuerda la sentencia que está en Juan 3:3-10: "De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios (...) el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios".

Al volver a la vida, Pinocho pasa a un estado superior, donde adquirirá una humanidad plena (será un niño de verdad.

Vale la pena volver a ver "Pinocho" y descubrir el profundo contenido simbólico e iniciático de esta obra. Especialmente recomendable para quienes pertenecen a instituciones filosóficas herméticas como la Orden Masónica, Rosacruz, Gnóstica, Teosófica, Antroposófica, Biosófica, Metafísica y otras similares.

Pero para el resto de los mortales, que intentamos mantener una vida digna, enmarcada en límites morales más o menos estables, las aventuras de Pinocho también nos tienen mucho que decir, especialmente porque el muñequito se parece demasiado a nosotros.

prof. Benedicto González Vargas

Otros comentarios de libros:

 

Obra gruesa, de Nicanor Parra

Amadeo y el abuelo, de Cecilia Beuchat

El sari rojo, de Javier Moro

La sombra del templario, de Nuria Masot

Recuerdos del Pasado, de Vicente Pérez Rosales

Vecina amable, de Guillermo Blanco

Los cuentos de Beedle el bardo, de J. K. Rowlling

La sangre y la esperanza, de Nicomedes Guzmán

Antártico, de Francisco Coloane

X-7 y el Planeta Tierra, de Elisa de Paut

Ygdrasil, de Jorge Baradit

El Jardín de los Siete Crepúsculos, de Miquel de Palol

Años Luz, de Marcelo Novoa

Raíces tabinas, de Jonás

Almácigo, de Gabriela Mistral

Candidatos a la hoguera, de Francisco López Seivane

Ami, el Niño de las Estrellas, de Enrique Barrios

Pájaro de sol, de Wilbur Smith

Las sorprendentes memorias de Baltazar, de Claudio Orrego Vicuña

Días aciagos para Paucar Guamán, de Carmen Bernard

Anacaona y las tormentas, de Luis Bernal Pinilla

El Ocho, de Katherine Neville

Juanilla, Juanillo y la abuela, de Alicia Morel

Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro

Akhenatón, de Naguib Mahfouz

En el centro de tu nombre, de Juan Antonio Massone

El Jardinero Fiel, de Clarissa Pinkola Estés.

Los hijos de Selene, de Ralph Barby

Gracia y el Forastero, de Guillermo Blanco

Escucha mi voz, de Susanna Tamaro.

Los Hijos de la Luz, de César vidal.

Fuego bajo la nieve, de Palden Gyatso.

Un día en la vida de Iván Denisovich, de Alexander Solzhenitzyn.

A través de las puertas de la muerte, de Dion Fortune,

El Romance de Leonardo, de Dmitri Merezhovsky

El Especialista, de Charles Sale

En busca del rey, de Gore Vidal

Romance del duende que me escribe las novelas, de Hernán Rivera Letelier

Don Guillermo, de José Victorino Lastarria

El Niño que enloqueció de amor, de Eduardo Barrios.

La Grieta, de Doris Lessing

Años Luz, de Marcelo Novoa

Para ti, Mujer, de Tsering Nandröm

La Historia de María Griselda, de María Luisa Bombal

Borges en su alma enamorada, de Juan Antonio Massone

El país del agua, de Jacquelline Balcells

La isla sin tesoro, de Marcelo Birmajer

El sendero de los gatos, de Sergio González Rodríguez

Trabajo de campo, de Alejandro Méndez Amunátegui

 

 

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Enviado por miguel castillo el 08/11/2010 a las 14:50
miguel castillo

necesito conocer completamente la novela de pinocho


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