Se ha dicho tanto sobre estos libros, que es como si no se hubiera dicho nada.
Este año, cumpliendo con uno de mis eternos pendientes, leí los tres volúmenes básicos, que según entiendo conformaban originalmente una sola obra y que fueron separados en 3 por exigencia del editor: La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey.
Tolkien, ya es un lugar común decirlo, hizo lo que habitualmente hacen, en el curso de muchas vidas, pueblos enteros: construir una mitología, con sus propios símbolos, sus relatos, sus personajes y su moral.
Yo no sé apreciar el rigor o la belleza de su prosa en inglés, puesto que mis conocimientos del idioma no alcanzan para tanto, de modo que me limité a leer la versión en español. Y disfruté palmo a palmo este extenso libro que la ha dado a una parte de occidente una plataforma común de mitos. Lo que ha salido de allí en términos de producción artística, de productos comerciales, de narrativas, y también de nuevos símbolos, es inconmesurable.
Mi primer acercamiento a las historias que allí se cuentan habían sido las 3 películas (que también son una sola) que dirigió Peter Jackson. Leer la obra me ha permitido constatar ese comentario obligado que hacían los fanáticos: la película de Jackson es soberbia en su capacidad de capturar lo esencial de un relato extenso y repleto de personajes. Pero mi maravilla frente al milagro cinematográfico no es comparable al que me produjo leer la novela.
Es cierto que algunos de sus personajes no están psicológicamente muy trabajados, porque es más bien un libro de aventuras. En cambio, abundan símbolos bien construidos, como el relato del héroe que se arroja hacia su destino contra toda probabilidad de éxito, o el retrato del amigo fiel que no claudica, o la casta de los magos (a la usanza del ícono del Tarot), que desde su potencia creadora traen luz u obscuridad al mundo, para bien y para mal.
Es posible leer esta novela al contrapunto de los grande movimientos sociales que dieron forma al mundo que estalló en la Segunda Guerra Mundial. Pero también es posible leer en ella la amenaza de la destrucción de nuestro ecosistema. A la riqueza de sus personajes se contrapone su simplicidad política: se impone el viejo esquema de los buenos versus los malos. Pero precisamente por eso , la épica es el ronco clamor de fondo que anima el relato.
En fin. Un libro de veras interesante, que será recordado en el futuro acaso como lo son ahora las obras de Homero.











No lo he leído porque no me gusta la ciencia ficción, pero tanto se ha oido hablar del autor, y ahora que tu lo comparas con Homero, pues me llena de intriga!