¡Te
lo devoraste! grita Marcelo Araujo desde la televisión, al relatar el
gol que Palermo se pierde frente al arco de Argentinos Juniors.Araujo esta en todo pensé, ¿Cómo se enteró que yo en dos días me leí el libro de Soriano? Recuerdo que el martes salí de terapia, era mediodía y me fui para las librerías de Corrientes. Una que me gusta es la que esta casi Rodríguez Peña. Un rato después ya estaba ojeando las primeras páginas de “Triste, solitario y final” (1973), el primer libro que escribió el gordo. Y el jueves a la noche lo había terminado de leer. Supongo que a Soriano le gustará que empiece a hablar de sus libros mezclándolos con el fútbol, que era su gran pasión.
Es
que era imposible dejar el libro, cada breve o más largo momento
obligaba a retomarlo. De la cama al bar, de la cocina al baño, del
trabajo a casa de nuevo. Siempre con el libro abierto.
Si
los libros de Soriano se vendiesen por lo que uno tarda en leerlos
deberían valer unas monedas, pero si se cotizasen por lo que nos hacen
reír deberían valer una fortuna.
En
el verano ya había leído “Cuarteles de invierno”, un relato pueblerino
sobre la represión de la dictadura. Siempre le reprocharé que haya
permitido que los canas maten al linyera del pueblo que era un
personaje tan bohemio y querible.
En
este caso, “Triste, solitario y final” es el primer libro que publicó
Osvaldo Soriano, donde mezcla algunos cómicos que admira como Oliver
Hardí y Stan Laurel –el gordo y el flaco-, con la reencarnación de
Philip Marlowe –un detective privado creado por Raymond Chandler-, un
veterano Charles Chaplin, un no tan bueno John Wayne, junto a su propio
personaje de periodista en Los Angeles.
La
trama da vueltas generando permanentemente situaciones absurdas que
Soriano describe con sus frases cortas y sus diálogos hilarantes. En el
fondo esta el tema del ocaso del gordo y el flaco contrastando con la
fama y reconocimiento de Chaplin.
El
absurdo esta en todo el libro, como cuando en el cine –a oscuras-
Marlowe y Soriano pelean con la seguridad de Wayne, mientras el vaquero
desde la pantalla mata a los malos. O cuando un grupo asalta con
ametralladoras en auto en que ellos llevaban “secuestrado” a un
veterano Chaplin para hacerle una entrevista.
No
faltan, porque quizás sea el mensaje que Soriano quería transmitir en
este libro más allá de su gran cuota de humor, las críticas a la
sociedad norteamericana y especialmente al mundo de Hollywood, así como
una reivindicación del humor del gordo y el flaco.











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