Hay
cosas que están claras cuando uno empieza un libro de Eduardo Galeano.
Nos encontramos con una sucesión de historias brevemente relatadas
sobre la injusticia en tierras latinoamericanas.
Hace
30 años recuerdo haber comprado mi primer libro, y se trataba del
primer libro de Eduardo Galeano "Las venas abiertas de América Latina",
que tantos hemos leido. Cual mezcla simbólica y sentimental ha quedado
permanente en mi recuerdo. Me dió la posibilidad de conocer aquella historia sangrienta y oculta de la conquista de nuestra América.
Desde
entonces, Eduardo Galeano se ha convertido, por vocación y por
compromiso, en un recopilador y contador de las injusticias humanas y
sociales de nuestras tierras. En
"El libro de los abrazos" vuelca muchos de esos relatos, en textos
breves, que pasan del dolor desgarrador, en un giro abrupto, a la
esperanza final. Son
historias cotidianas, escritas con los pies descalzos y bien hundidos
en la tierra, Eduardo Galeano es testigo, confidente, solidario y parte
de muchos de sus relatos, a través de sus viajes y de sus amistades.
Para
quienes creemos en la razón de las ideas, Galeano transmite sus ideales
desde el sentimiento, a través del abrazo con sus protagonistas. El
libro se puede leer al azar, abrir hoy una página cualquiera y leer una
historia, sin orden, cada una puede ser tan breve como clara e intensa. Cada
página es una sorpresa, hay lugar para la consigna, para la denuncia de
la injusticia, para la reflexión acerca de lo que pensamos, sentimos y
creemos, para el abrazo a los amigos enfrentando el terror o el exilio,
para el diario de sus vivencias personales.
Entre
otras notas sobre Teología (página 74) o sobre desmemoria (página 98),
me gusta citar esta porque creo que refleja la belleza de su prosa y la
esperanza de estos textos de Galeano ...
La dignidad del arte
Yo
escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan
desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen
con que. Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección
de dignidad del arte que recibí hace años, en un teatro de Asís, en
Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no
había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó
la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin embargo, los
actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si
estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta. Hicieron su
tarea entregándose enteros, con todo, con alma y vida; y fue maravilla.
Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.











--EDUARDO , es un cuento , se actuó sin similación ni mentiras, menos apariencia, aunque nadie estuviera en la sala de presentación, Ustedes mirando por y para Ustedes, y no para nadie más, tal como proceder ,debemos, ya que es mi intelecto quien se nutre no importa que existan a mi alrededor , los demás, sólo son complementos. Los actores, algo más extraordinarios ,aún confunde nuestra pobre y petulante inteligencia. Su labor, dice que el Arte no es una forma de ganar la vida, sino es una forma de dar la vida. Por tanto, su Amor ,genuino a sus labores, reinó en todos y no el interes monetario que calcome al que se dice ser un Artista de Alma y corazón. ---------------CHAO.