En realidad no les voy a hablar en este caso de un libro al que destacaría por una prosa exquisita, culta y refinada, no, tengo que ser sincera, pero no cabe duda que me dejó un buen sabor de boca y una sensación de satisfacción, que me gustaría compartir con ustedes.
Esta novela no es una obra maestra, pero engancha, atrae, y es de esas que apetece leer en especial durante las tardes de invierno, porque es muy atractiva e irradia tal calidez que no puedes dejarla de lado en ningún momento.
Me llamó la atención, una vez más, su portada... deliciosa y pintoresca, y su argumento: una hermosa historia de dolor y sufrimiento que nos lleva desde el Londres victoriano a las colonias de Nueva Gales del Sur, allá en la enigmática Australia, lugar de destino -destierro- inevitable para aquellos condenados en la Inglaterra del XIX.
Tribulaciones, trabajos, aventuras, personajes, aborígenes y un paisaje salvaje, extraño y desgarradoramente bello sirven a la autora para lucirse con matices y una trama que a veces nos hace dudar si no lo ha escrito... el mismo Dickens.
¡Gustará a los amantes de los clásicos ingleses de aventuras! Tuvo en el momento del lanzamiento muy buena crítica en especial en Australia, lugar de nacimiento de la autora.











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