Este es
el quinto libro que leo de Hermann Hesse. Los cuatro anteriores me los leí hace ya varios años y me habían dejado “anonadada” y esta palabra no es al azar, sino la precisa que buscaba para describir lo que me pasó. La lectura de sus libros me atrae muchísimo, me engancha, me insita a seguir y seguir leyendo.
Y bueno, “Tres momentos de una vida” tiene cosas en común con los otros libros que me leí de él y también cosas distintas. Primero, una diferencia, fue recién con este libro que supe que Hermann Hesse había sido también un gran poeta y lo supe porque me decidí a investigar en su biografía cuando me llamo la atención la forma como estaba escrito este libro. Parece un libro de poesía sin serlo, son tres relatos que están escritos como si fueran una canción, una canción con una melodía profundamente armoniosa, una melodía tranquila que nos evoca estar “escuchando” algo que esta perfectamente escrito y perfectamente tocado; como si cada palabra y cada melodía rimara. Me di cuenta entonces que me sentía como si estuviera leyendo un libro de poemas y ahí fue cuando me metí a investigar la biografía de Hesse y claro…descubrí que él fue también un gran poeta.
Y ahora una similitud (y también una diferencia…): la profundidad de sus palabras, del contenido y del mensaje/reflexión, una característica que me fascina de este autor. La diferencia es que en este libro Hesse nos muestra todo esto de una manera absolutamente simple.
En este libro Hesse nos presenta a Knulp, un extraño vagabundo. Y digo extraño porque el ha optado/decidido ser un vagabundo. En el libro se nos presenta literalmente en varias ocasiones como un vagabundo, sin embargo, a juicio personal esta opción/decisión lo convierte más bien en un trotamundos. Knulp nos muestra características tan escasas hoy en día, su maravilloso amor por la humanidad y por la naturaleza; una persona que encuentra la felicidad en caminar por senderos maravillosos, rodeado por la naturaleza, en observar la naturaleza, flores, árboles, montañas; una persona que encuentra la felicidad en observar a las personas con las que se va encontrando en su andar y en conocerlas y compartir con ellas, en aprender de su oficio y de su pensamiento.
Tal vez Hesse tenía intenciones de hacernos volver con nostalgia a nuestra infancia, a la edad en que era tan posible abandonarnos a todo y a todos. Abandonarnos por ejemplo a recorrer el mundo, a permitirnos conocer a las personas con las que nos vamos encontrando en la vida, a abandonarnos a nuestros sentidos y a vivir la vida con arroje y en plenitud.











A pesar de haber leído algunos de sus libros (aunque no éste), Hesse es para mí un misterio. Un misterio como debe serlo todo buen artista y toda buena obra de arte, que oculta bajo la apariencia más simple las más grandes profundidades y las más finas sutilezas. En eso, su literatura puede compararse quizás a la de Kawabata, o a la de Baricco.
Se me viene a la cabeza una frase de Nietzsche:
"En definitiva, las cosas tienen que ser tal como son y tal como han sido siempre: las grandes cosas están reservadas para los grandes, los abismos, para los profundos, las delicadezas y estremecimientos, para los sutiles y, en general y brevemente, todo lo raro y singular, para los raros y singulares". (Más Allá del Bien y del Mal)
Bellísimo post, Inés, como siempre.
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Pedro