Conocí
este libro porque una amiga (que aún no lo ha leído) me lo regaló. Ahora soy yo quien se lo recomienda. Tarde menos de una semana en terminarlo, me ha encantado.
Al comenzar, entré en un mundo literario al que no estoy acostumbrada, en el que se vale ser humano, un mundo real, lleno de imperfecciones. Es un libro que no puedo clasificar en un solo tipo de literatura, es una mezcla de géneros en armonía a lo largo de las páginas.
Mientras leía, pude percibir erratas, errores ortográficos y de sintáctica que molestaban el ritmo de lectura. No entendí por qué un libro que tiene ya cierto reconocimiento a nivel mundial podría tener ese tipo de erratas, ¿acaso los editores no lo habían corregido antes de su publicación?, con la de correctores que hay en paro. Luego y con la temática del libro, me pregunté: ¿por qué me pone de mal humor ver erratas en un libro?, ¿por qué discriminamos negativamente a lo que es diferente de nosotros?, ¿por qué me concentro en los detalles negativos y no veo el conjunto?, tal vez porque me quiero considerar como parte de la “elite” que conoce a la “perfección” la ortografía española y le quiero enviar un soberbio mensaje al escritor-editor que “soy mejor que ellos”. Pero, ¿rechazaría a mi novio (al que amo con locura) porque tiene pequeños detalles negativos, pequeñas erratas?, seguramente NO.
Considero que si eres una persona que se quiere sentir parte de una “elite literaria” o de un acorazado círculo de lectores que se resisten a cualquier cosa que no se asemeje a ellos, no debes leer este libro.
Nos han enseñado a rechazar nuestras imperfecciones desde que somos pequeños y para colmo, también las de los demás. No nos damos cuenta que al querer pertenecer a una elite el “resto” es mayoría y tarde o temprano se termina por sucumbir ante la presión de los demás. ¿Qué sería del castellano si los que hablaban un latín vulgar lo hubiesen “corregido”?
Comencé a pensar que tal vez son errores que cualquiera de nosotros cometería mientras estamos hablando con un amigo o cuando estamos escribiendo un mail o incluso redactando una entrada en la infinidad de blogs literarios que existen actualmente. Me puse en armonía con el autor y sentí que quería burlarse de la autoridad que nos impone la RAE, enviándoles un mensaje de rebeldía. No sé dónde habrá nacido él, pero yo, que he nacido en España, no escogí vivir en una monarquía, un lugar donde una Academia REAL nos dicta las reglas que debemos seguir cuando escribimos. Los idiomas son “seres vivos” que cambian constantemente y para el caso del castellano, la RAE es la que tiene más inercia al cambio. Y si creéis que esas reglas son necesarias para el buen funcionamiento de la lengua, os invito a que leáis el libro y os deis cuenta vosotros mismos por qué he llegado a esa conclusión.
Estamos en un planeta poliglota con una inminente globalización, en donde las reglas de los idiomas se funden y confunden entre ellas tal y como lo hacen las leyes de la Unión Europea. Es allí donde se ubican los personajes de esta historia, perdidos en una globalización y no saben qué reglas seguir.
La sociedad actual nos exige acatar normas precisas, ordenándonos que debemos esconder nuestro lado humano, nuestras imperfecciones. Para ello se venden perfumes, ropa de moda, cremas, mascarillas, jabones, cirugías, botox, accesorios, maquillaje, cosas que nos aseguren que nadie más logrará invadir nuestro espacio personal y ver todos esos pequeños detalles que queremos ocultar. Olvidamos que somos seres humanos y no dioses, no somos perfectos y las cosas que hacemos, creamos y modelamos están también ligadas a esa imperfección.
El libro describe la belleza del ser humano (tanto interna como externa) y de sus obras cuando se complementan con los defectos, o como el autor lo llama: “la imperfección perfecta”.
Rechazar una buena historia por sus errores ortográficos es como rechazar una persona por sus discapacidades, simplemente porque no puede avanzar a la misma velocidad que nosotros los “normales”.
Llegué a la conclusión de que esas erratas estaban allí con una intención, con un propósito, querían demostrar que una obra es bella cuando tiene sus errores expuestos, de esa manera podemos realmente apreciarla, identificarnos con ella y con su autor, reconocerlos como seres humanos y no como seres perfectos e intocables que viven en el Olimpo posados en los pedestales del éxito y que nosotros nunca llegaremos a su mismo nivel.
Me encantaría leer alguna entrevista con el autor que hable sobre este tema.











Muy interesante tu punto de vista. Yo recibi mi libro apenas ayer, ¿como le has hecho para tenerlo tan rapido? El caso es que me puse a leerlo y de una sola sentada lei hasta el capitulo 4. La verdad que no he visto las erratas que mencionas, aunque la verdad que yo no me fijo mucho en eso. Lo que si es que el libro tiene muchos “detalles” de programación neuro-lingüística y eso me esta gustando mucho. Ya veré lo que me queda por leer.