Han pasado más de cincuenta años desde que Gabriela Mistral dejó
este mundo en el cual nunca pareció estar muy cómoda. Su bibliografía,
de fama universal, daba cuenta de una nutrida cantidad de páginas, lo
que no sabíamos es que había muchas más sin publicar.
A su muerte, su amiga, su secretaria (tal vez su pareja, como parecen indicarlo nuevos documentos), la estadounidense Doris Dana, quedó como albacea universal del enorme legado que nuestra Premio Nobel dejó. Objetos, fotografías, documentos, cartas y poemas inéditos estuvieron medio siglo guardados con todo cuidado y celo, alejados de la mirada de los curiosos
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