
Leí este libro en las pasadas vacaciones de invierno (segunda quincena de julio), mientras la lluvia arreciaba fuera de casa. Lectura inolvidable, porque en sus breves 110 páginas, la autora fue compartiendo conmigo un caudal enorme de sabiduría ancestral, de esa que no está en los libros de texto, ni en los tratados científicos o filosóficos, sino que se va transmitiendo de generación a través de seres maravillosos que constituyen la reserva de la sabiduría familiar.
¿Son estas personas una especie en peligro de extinción? He tenido la fortuna de que mi abuela y mi madre me contaran historias, viejas



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