Está un hombre agonizando
en un rústico madero,
y su cuerpo está sangrando,
y su sangre es un reguero.
En la frente tiene espinas
ya teñidas de su sangre,
en lo alto, en la colina,
con su cruz quiere salvarme.
No hay, en la tradición cristiana, un misterio más fecundo que la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Y no podía ser de otra manera, puesto que su sacrificio es la piedra angular de la fe cristiana y de él arrancan muchas de las creencias religiosas y gran parte de las esperanzas de la humanidad.
Y hablar de
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